«Nada más terminar el Mundial, Brasil fue una hoguera»

El periodista José Bautista destaca la decadencia de Brasil a partir del Mundial de 2014, época en la que estuvo viviendo en el país que ahora dirige Jair Bolsonaro.

«Brasil había estado ascendiendo, ya era el país del futuro, al fin había llegado la nación emergente… Y ahora está cavando su tumba con la destrucción de su terreno».

En esta tercera parte de su entrevista en La Leyenda del Tiempo, el periodista de Migraciones José Bautista relata su paso por Brasil y la decadencia del país sudamericano a partir del Mundial de 2014 y hasta la presidencia de Bolsonaro. Puedes escuchar esta parte y también la entrevista completa en nuestros canales de Telegram y de IVoox. A continuación, la transcripción íntegra.

  • PREGUNTA: Reconozco que, de todas las canciones que me has recomendado, la que me tiene cautivado es esta. ‘Canto das tres raças’, de la cantante brasileña Clara Nunes, una samba muy bailable, pero que encierra un profundo lamento de una patria triste. José, ¿qué te evoca esta canción?

RESPUESTA: Uff. Piel de gallina. Brasil es un país muy intenso y muy especial, y es un país de contrastes, y no conozco a nadie que haya estado en Brasil que no se haya enamorado. Y este tema tiene mucha fuerza porque es un tema que cuando suena en ciertos sitios de Brasil, la gente lo canta a pulmón. Y es un tema que habla de opresión, y habla de una cosa que es maravillosa pero que poca gente conoce fuera de Brasil, que son las quilombolas. En Argentina habrás escuchado decir: «qué quilombo». La palabra «quilombo» viene de quilombola. Las quilombolas tienen ya un reconocimiento oficial, que antes no lo tenían. Cuando Brasil se llena de esclavos procedentes de África (que llevan los portugueses y también los españoles, etcétera), algunos de estos esclavos africanos logran escapar, se meten montaña adentro o selva adentro, y se instalan en algún sitio y perpetúan su cultura y su tradición. Estas son las quilombolas. En Brasil hay muchas quilombolas y hay muchas poblaciones de este tipo que perviven y perduran como lo habrían hecho en su orígenes en Nigeria o en Angola o en Mozambique, y han sido objeto de mucha persecución y de mucho maltrato durante toda la historia de Brasil. Y hay una historia de una quilombola que lucha y vence que es O quilombo dos Palmares.

  • P: Llegaste a Brasil en 2014, un período marcado periodísticamente por el escándalo del caso Lava Jato, la Copa del Mundo y las protestas del movimiento indígena. Entonces trabajabas en la Folha de Sao Paulo y creo que el país de la samba y el fútbol, ya lo has dicho antes, te ha marcado de por vida. ¿Cómo fue aquella época?

R: Aquella época fue una auténtica locura y una gozada desde el punto de vista profesional y periodístico. Yo empecé en la agencia EFE, y además tuve mucha suerte porque Brasil era el centro del mundo en ese momento, tanto por la corrupción que tenía dentro como por el Mundial, y porque se acercaban las Elecciones. Brasil es un país muy intenso. Yo estaba en Río, tenía acceso privilegiado a muchos sitios, hice entrevistas… Me llegaban las entrevistas solas, porque en la agencia EFE se tocaban muchas puertas, y había mucho contacto… Y a mí me daban cosas que, siendo yo muy muy nuevo… dios mío. Gocé mucho y disfruté mucho. Y además tuve mucha suerte allí: encontré a gente maravillosa, aprendí un montón, trabajé con gente muy potente, viajé… Brasil es inmenso, es como Europa de grande o más. Fue una de la época más intensas que he vivido nunca. De hecho, mira, tengo justo detrás una bandera de Brasil gigante, que cada vez que la miro me da saudade, que es como echar de menos aquello.

  • P: El mundial de 2014 aún ostenta el récord de inversión estatal en un país para albergar este evento. No obstante, se conoce que las condiciones laborales en aquel momento fueron mucho peores que antes de que empezaran todas esas obras de monumentales. ¿Qué ambiente se respiraba por los barrios de Brasil?

R: Contradicción total, porque había mucha indignación, ya que fallaba el sistema, los hospitales se caían y el Gobierno estaba priorizando gastar barbaridades de dinero en construir estadios en lugares donde después no se iban a usar, y haciendo cosas así… Pero también había había una cosa seductora: En Brasil el fútbol es religión y cuando hay un partido de la selección el mundo se para y todos los problemas se quedan en segundo lugar, incluso los más acuciantes. Lo que pasa es que con esto del Mundial hubo… Yo investigué bastante ese tema, y de hecho después mi primera pequeña investigación la hice sobre eso. El gobierno de Lula, cuando cerró el Mundial apalabró tres mil millones de dólares de inversión pública y el resto sería privada: de la FIFA, compañías, patrocinadores, etc. Finalmente Brasil acabó pagando 13.000 millones. Por poner en magnitud, tres mil millones es lo que tiene aquí de presupuesto a lo mejor el Ministerio de Educación en un país como España. Un país como Brasil no se puede permitir cantidades tan grandes, y 13.000 millones, que es la factura final que pagó Brasil, que sepamos, por el Mundial… Nada más terminar el campeonato, aquello fue una hoguera. Se prendió muchísimo Brasil, empezó una decadencia tremenda, después vino el impeachment a Dilma… Digamos que Brasil había estado ascendiendo y ya era el país del futuro, al fin había llegado la nación emergente… Justo antes del Mundial tuvieron la Copa Confederaciones, tuvieron la visita del Papa, tuvieron mil historias. Después del Mundial tuvieron las Olimpiadas y tuvieron el mismo problema. Y justo después de la Olimpiadas ya empezó el declive de Brasil hasta lo que estamos viendo ahora. Es muy triste ver Brasil así.

  • P: Desde fuera se observa que el país ha cambiado mucho, y no especialmente para mejor. Solo el tono con el que habla Lula Da Silva o Dilma Rousseff ya es diametralmente opuesto al del presidente Bolsonaro. ¿Qué crees que impulsó este auge del racismo, y también del negacionismo climático, en un país tan multicultural y tan lleno de naturaleza como Brasil?

R: Es difícil. Brasil tiene un problemón para empezar con los medios de comunicación, y casi casi que los medios pueden decidir quién gana… Brasil tenía y sigue teniendo un problema de corrupción brutal… No hay que olvidarse de que el gobierno de Lula y después de Dilma hicieron cosas que han tenido un impacto muy positivo en ciertos sectores, pero la corrupción estaba ahí, y ellos no quisieron atajarla y al final fue la que se los llevó un poco por delante. Y Brasil de por sí es un país donde la élite es muy racista, muy clasista… Y cuando esa élite se siente poderosa, y cuando alrededor tiene gente desesperada que por muy poco se calla y se conforma, al final pasa lo que está pasando ahora. Tienes un gobierno de extrema derecha en un país donde la población negra es muy grande y también hay mucha población indígena y mucha población mestiza. Y además en un país donde la Naturaleza es vital. Brasil tiene industria, pero Brasil tiene un agronegocio tremendo también, muy poco sostenible, pero que además tiene mucho peso en la economía, y están cavando su tumba con la destrucción que están permitiendo de su terreno y de su suelo. Es el capitalismo devorador y salvaje que se cierne sobre Brasil… En fin, se conjugaron muchos factores, pero da mucha pena ver Brasil ahora.

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  • P: Decían los analistas que este auge de la ultraderecha que estábamos comentando también se debe mucho a esa campaña de bulos y de medias verdades, técnicas que parecen estar en el argumentario ultraderechista a nivel mundial. José, ¿por qué todos los representantes mundiales de la ultraderecha tienen un discurso tan parecido?

R: Porque han descubierto que funciona, y porque además hay una pequeña internacional de la extrema derecha (la franquicia antimigratoria, pero que es franquicia de ultraderecha en general) que, cambiando algunas cositas de un país a otro y siguiendo unas normas que son idénticas prácticamente en Brasil, en Estados Unidos, en Francia, en España, en Reino Unido… notan que funciona. Se encuentran con un caldo de cultivo enorme de gente que ha perdido la confianza en el sistema y que además está desesperada y siente miedo. Tienen también la oportunidad que antes no existía de divulgar de forma masiva sus mentiras y sus mensajes de odio, y se encuentran también con que los gobiernos y el ámbito político un poco más potable o más de alma demócrata, no reaccionan a tiempo. Y por prudencia, o por ignorancia o por cortoplacismo, no se mueven para frenar el tema en seco. Y el resultado es que hay países tan importantes y tan grandes como Brasil en manos de gobiernos de extrema derecha ahora mismo.

  • P: Y, en la misma línea, ¿cómo debe combatir, la buena o el buen periodista, esa desinformación?

R: Nosotros, siendo rigurosos, pero creo que más allá de nuestro rigor, aquí tenemos que ir todos de la mano: el sistema educativo tiene que cambiar, la gente tiene que aprender, si no a diferenciar los bulos, porque a veces es muy difícil (nosotros, periodistas que trabajamos con esto, también nos comemos nuestros bulos), pero sí al menos a darle menos veracidad a cositas que no llevan firma o que llevan una foto falsa, o que no dicen de dónde procede la información… Hace falta educación. Hace falta también que los tribunales se muevan, y que pongan un límite a ciertos mensajes de odio, porque las consecuencias de cualquiera de esos mensajes se traducen en violencia en la calle, y en desconfianza, y es peligrosísimo a corto y a medio plazo. Y por ahí estamos también los periodistas, y no sólo los periodistas, sino quienes dirigen los medios, que tenemos que perder de vista ese cortoplacismo que es el que nos lleva a ponerle el micrófono delante a cada barbaridad o cada bulo que suelta el líder de extrema derecha de turno. Por mucha audiencia que dé, tenemos que ser responsables y tenemos que entender que eso es pan para hoy y hambre para mañana.

  • P: El discurso mediático nacionalista y antimigratorio se basa en demonizar a las personas en movilidad. En por Causa trabajas para romper esa dicotomía que siempre hablamos, del nosotros, los ciudadanos, y ellos, los irregulares. ¿Cuáles son las técnicas más efectivas para que los lectores empaticen?

R: El lector, en el fondo, lo que quiere saber es qué pasa. Si tú le das la información bien hecha, llega. Sucede que con la migración están muy manidos ciertos tópicos. Parece que sólo se habla de migraciones cuando llega una patera a Motril o cuando un grupo de subsaharianos salta la valla de Ceuta… cosas así. Sin embargo, la migración va mucho más allá. Si nosotros como periodistas acompañamos al migrante no sólo en el momento traumático de la patera o de la valla, sino también cuando lleva ya un año en España, y nos damos cuenta de lo que sucede y lo contamos, o si narramos también qué es lo que están haciendo los migrantes en el día a día aquí, pues descubrimos que en el sector agrícola son fundamentales y en el sector de cuidados también, etcétera, etcétera. Nosotros como periodistas además tenemos que basar lo que narramos en información pura y en datos, pero la forma en que lo narramos puede ser muy distinta. No es lo mismo decir: «de todos los sin papeles, el 80 por ciento son mujeres latinas, y son mujeres latinas, y que además están cuidando a alguien». Podemos decirlo así, el dato suena bien y fuerte, pero también podemos decir que el 80 por ciento de estas personas sin papeles son como Fulana, y Fulana es una mujer que llegó aquí hace diez años, que todavía se tiene que esconder cuando ve a la Policía, que está cuidando un señor mayor que estaba con Covid y que hace lo posible para que su niña vaya a la escuela y estudia el día de mañana. La historia y la percepción cambian un poco en función de cómo lo damos, aunque la información sea la misma.

  • P: Entonces, se pueden matrimoniar las emociones con los datos puros a la hora de informar, ¿no?

R: Yo creo que es clave. El dato a pelo, para mí, que soy friki del tema, o para ti, es útil, pero para mi madre o para mi primo, que es agricultor… Pues bueno, ahí queda el dato. Ya está. Pasa. Se olvida. Ahora la historia de Marcela… que, oye, Marcela pertenece a ese 80 por ciento… Nosotros tenemos que construir el relato y lo que contamos en base a cosas que podamos contrastar, y el dato es la fuente básica. Es pura. Pero la forma en que lo contamos tiene que mejorar, y tiene que tiene que ser un poco más humana, en mi opinión. Y pongo un asterisco en esto de que el dato de la fuente pura: los datos se elaboran, y hay datos que tenemos, y hay datos que no tenemos, y de los que tenemos, hay que prestar atención a cómo se elaboran también. Tenemos el dato de desapariciones en el Estrecho, pero en el fondo no tenemos consciencia de si hay más desaparecidos o no. ¿Por qué? Porque son eso, desaparecidos. O sabemos que hay unas seiscientas mil o quinientas mil personas en situación irregular en España, pero lo sabemos porque vamos viendo fuentes distintas, como los padrones municipales, el registro civil, etcétera, etcétera. Hay mucha gente que se queda fuera de ese radar, la cifra puede ser muy superior. Hay que coger el dato con pinzas y yo creo que no hay que darle la prioridad máxima, sino que hay que utilizarlo para para hacer algo que llega a la gente. Y que la gente entienda.

  • P: Como decíamos antes, el escándalo del caso Petrobras (o Lava Jato) fueron decisivos mediáticamente en tu etapa brasileña. Hablando de corrupción, ¿por qué la gestión migratoria está tan relacionada siempre con esta lacra política?

R: Porque la migración, por un lado, es un objetivo fácil para cualquier discurso que quiera desviar la atención de un problema real, y por otro lado, porque la migración es un negocio. O mejor dicho, el control migratorio. La política que hay detrás de construir la valla, o de hacer centros de migrantes, o cárceles, de migrantes o cosas así, genera mucho dinero. Entonces, donde hay mucho dinero y hay opacidad, al final surgen defectos y manzanas podridas. Y donde tienes un objetivo fácil y un blanco fácil para echar culpas de cualquier problema (ahora lo vemos con el Covid), pues también. Y es contradictorio, o es paradójico, porque muchas de las personas y de las fuentes que van promulgando el odio son migrantes. O son hijas de migrantes, o están disfrutando de que hay migración y tienen a una persona que les ayuda, o se están comiendo un plato que no existiría de no ser porque alguien vino aquí hace cien años, se trajo la receta y la mezcló con con lo que se hace aquí.

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