«Chile tampoco ha terminado de hacer su digestión histórica, pero está avanzando más rápido»

«La gente ha votado en masa a favor de cambiar la Constitución en Chile. A veces miramos con prepotencia a América Latina, y en el fondo deberíamos de tomar nota de muchas lecciones que nos están dando«.

El periodista José Bautista compara en esta segunda parte de su entrevista en La Leyenda del Tiempo los sistemas democráticos de España y de Chile, y también reflexiona sobre la estructura de los medios de comunicación en la era digital.



A continuación, la transcripción íntegra de la segunda parte de la entrevista con el periodista José Bautista (The New York Times, por Causa, La Marea) en La Leyenda del Tiempo. Puedes escucharla directamente aquí, y también en nuestros en canales de Telegram y de IVoox.

  • PREGUNTA: Seguimos «caminando» con José Bautista, periodista de Migraciones, y también con Víctor Jara. Nos vamos a Chile. Víctor Jara fue encarcelado y asesinado por el ejército de Pinochet en 1973, justo después del Golpe de Estado. El cantautor es hoy en día un símbolo mundial del anticapitalismo y del antifascismo. José, ¿por qué has elegido esta canción? (Caminando, caminando, 1970):

RESPUESTA: Porque me gusta el mensaje que trasmite, «caminando», porque además me gusta cómo suena la melodía, y porque a mí me recuerda a cosas muy especiales. Yo viví en dos ocasiones en Chile, y la primera fue mi fue mi primer contacto con América Latina. Fue una experiencia muy intensa en las dos oportunidades que tuve de vivir allí. Chile es un país muy especial, porque todo muy extremo y es casi un augurio del rumbo que quiere llevar Europa. Y es un país en el que en el fondo no está viajando al pasado, sino que estás viajando al futuro, donde todo es privado, etcétera. Pero al mismo tiempo tiene gente que lucha y que es muy consciente de la opresión que sufre, y que se organiza y sale a la calle. Y de hecho, la gente ha votado en masa a favor de que se cambie la Constitución. La dictadura chilena cayó hace 30 años; la española cayó hace 45. Y Chile ha sido capaz en menos tiempo de abrir la Constitución, de plantearse cómo quiere que sean sus instituciones… Es incomparable a España en muchas cosas, y además es un país donde casi todo es privado, desde la Sanidad hasta las carreteras por las que te mueves. Sin embargo, están dando pasos como país que aquí están costando mucho. A veces miramos con prepotencia a América Latina, y en el fondo deberíamos de tomar nota de muchas lecciones que nos están dando. Chile es un buen ejemplo de eso.

  • P: Chile ha sido alabado durante años por los medios de comunicación españoles y por los periodistas y economistas liberales. Parecía un país en el que invertir era un valor seguro, pero hace justo un año todo cambió. ¿Cómo era el Chile que conociste, tú que estuviste allí?

R: Yo conocí el anterior a la última crisis y el posterior. Y Chile era un país con muchísima desigualdad, y lo sigue siendo. Lo que pasa es que, digamos que quienes manejan el juego, establecen la vara de medir. Y con esa vara de medir hay cosas en Chile que, comparadas con los vecinos, funcionan muy bien. Sin embargo, la calidad de vida de la gente… las diferencias salariales son realmente apoteósicas. La mujer que limpia la casa cobra 20 veces menos que el profesor que la contrató. Y digo «profesor», y es un mal ejemplo, porque los profesores allí cobran muy mal, pero podríamos decir «abogado»… podemos decir cualquier otra profesión. Chile era y sigue siendo un país muy desigual, pero también un país muy guerrero. Y además es un país muy particular, porque es como una isla; aunque esté pegado al continente, tiene una cordillera enorme, y entonces… funciona con otro aire, y con otro ritmo y con otra dinámica. Y se nota que Chile, al igual que España, tampoco ha terminado de hacer su digestión histórica, pero da la sensación de que está avanzando más rápido en ese sentido. Chile es un país traumatizado, donde la dictadura ha sido muy férrea, muy reciente y estaba presente en todos los ámbitos. Y (la dictadura) ha dejado un legado económico terrible, que además se aplaude, como tú dices, desde muchos medios de comunicación y desde muchas instituciones. Confío en que eso cambie y hay que tener muy en cuenta que la vara de medir es la que determina el resultado. Y, en este caso, Chile no es un paraíso, ni mucho menos, a pesar de la gente maravillosa que lo habita.

  • P: Los chilenos se rebelan contra un sistema político perpetuado por una constitución impuesta en una dictadura. Hay quien considera que la Constitución española también perpetúa un régimen postfranquista. El otro día entrevistaste a Albert Solà, que afirma ser el legítimo heredero del rey Juan Carlos. A la Casa Real se le amontonan los problemas y el hartazgo con la institución está cada vez más generalizado entre la población. ¿Qué crees que hace falta para que aquí también nos rebelemos como ellos?

R: No lo sé, realmente. Y también te digo, me da un poco de miedo una pensar una revolución con el nivel de violencia que hemos visto por ejemplo en Chile. No sé cuál puede ser el detonante, pero sí percibo que mucha gente está cansada, gente de distintos colores. Y me da la sensación de que si algo no cambia rápido, gran parte de esta gente se va a abrazar a un clavo ardiendo -entiéndase como «clavo ardiendo» un discurso de extrema derecha, racista y clasista-. Pero no te puedo responder, no sé realmente cuál va a ser el detonante, aunque parezca que está el ambiente muy propicio.

  • P: Volviendo a la responsabilidad de la prensa y a esas creencias erróneas: ¿Crees que el Periodismo lo está haciendo mal a la hora de hablar de las migraciones?

R: El Periodismo es una familia muy grande, y ahí dentro hay gente que lo está haciendo (o que lo quiere hacer) bien, y hay gente que está alimentando el odio de una forma… que yo creo que debería ser casi casi punible. Sucede con el Periodismo, y no solo en el ámbito migratorio, en casi cualquier otro ámbito, que el trabajo del periodista, que es informar, se topa con los intereses de una cosa que se llama empresa. Y los medios de comunicación ahora mismo son empresas, y la finalidad de las empresas es hacer dinero. Y cuando hacer dinero choca con la línea editorial o con no ofender a quien te da de comer, surgen los problemas y surge la desinformación… Y bueno, es triste. Yo no tengo un modelo alternativo, pero sí creo que debería de haber alguna forma de garantizar el Derecho a la Información, porque es que es un derecho, y además es fundamental en democracia. Si la gente no tiene buena información, la gente vota y decide de forma errónea. No sé muy bien cómo se podría garantizar, aunque sí he visto cosas en otros países que me han gustado. Por ejemplo, en Francia, al cumplir los dieciocho años, si lo pides, el Gobierno te da un año de suscripción al medio que tú quieras, y eso crea hábito. Hay países donde hay consejos audiovisuales que son independientes del Gobierno y que establecen sanciones cuando un medio fomenta el odio o tienen otros mecanismos para poner coto a tanto jaleo y a tanta responsabilidad. Ahora mismo, en España ves gente haciendo cosas grandiosas, pero también hay cada caso que… no entiendo que no haya responsabilidades jurídicas de por medio. Y es muy fácil echar mugre sobre la migración porque no hay una voz cantante en el tema. Las migraciones son heterogéneas. Si te metes con los fans del Madrid, tranquilo, hay un representante del Madrid que va a poner la denuncia. Pero si te metes con la gente que migra, ¿quién va a denunciar? ¿La comunidad de marroquíes? ¿La comunidad de ex migrantes españoles que volvieron después del franquismo? ¿La comunidad de bolivianos? Ese es el problema. Es un objetivo… es una diana fácil, es un objetivo fácil para quienes quieren fomentar el odio y distraer la atención de los verdaderos problemas.

  • P: La semana pasada tuvimos en el Congreso de Mérida a María Martín, probablemente la única periodista especializada en Migraciones que trabaja fija en un gran periódico español, concretamente en El País. Ella reconocía que los medios sufren una carencia de personal que les impide dirigirse a los migrantes en su propia lengua o que el perfil de los reporteros no les daba a estas personas la suficiente confianza para profundizar en las entrevistas. Comentó que había empezado a estudiar francés por lo mismo. ¿Cómo se salvan esas barreras con personas que, a priori, el periodista no conoce?

R: Es difícil. A ver, en el caso de María… Yo a María la conozco y además conozco bien su trabajo. Ella, cualquier limitación que se pueda encontrar de ese tipo, la salva con mucho trabajo duro, con muchísimas horas… y buscándose la vida como pueda para hilar muy fino, porque sabe que tiene una responsabilidad enorme en su día a día. Pero bueno, cuando te encuentras a una persona y te encuentras barreras de tipo cultural, idiomático o lo que sea, si tú vas con el respeto por delante, y hablando claro, y entendiendo los procesos de esa persona, y amoldándote, y poniendo como prioridad su bienestar antes que tu reportaje del día, entonces no tienen por qué salir mal las cosas. De hecho, yo creo que la gente lo percibe. Algunas fuentes tardan más; otras menos, pero… si te acercas a alguien de buenas, y esa persona nota que tú no vas buscando sangre ni hacer que pase un mal momento, sino más bien al contrario, diciendo: «si quieres expresarte, tomo buena nota de lo que tu tengas que decir», ahí las barreras disminuyen. Hay algunas que son infranqueables o que llevan meses… pero por lo general yo creo que ese es el camino. Esta es una profesión humana. Hay gente que la practica sin humanidad, pero yo creo que esa gente tarde o temprano se da con da con un muro y no lo pasa. Creo que quienes pueden tocar un tema como Migraciones, al menos quienes están tratando directamente con la gente, tienen que tener un grado de humanidad alto. Si no, no pueden hacerlo, y no pueden obtener información, y no pueden obtener testimonios, y no pueden conseguir que nadie se les abra.

  • P: Como decías antes, la información es un derecho, pero que también se convierte en un producto al mediatizarse. ¿Se pueden hacer buenos productos respetando ese derecho fundamental?

P: ¿Se pueden hacer buenos productos? Sí, de hecho se hacen cosas muy buenas en prensa privada. Y se tocan callos, y hay medios que se arriesgan y directores que aguantan el tipo cuando suena el teléfono y anuncian que van a retirar publicidad… Pero es mucho más difícil tener esa calidad si el criterio que manda es el criterio puro y duro de mercado: de hacer muchos clicks y de ser el primero en contar algo. Aunque no esté contrastado, aunque a lo mejor no sea verdad. Es una dinámica que choca. Además, en Periodismo ya no sólo con cuenta cómo cubres un tema, sino qué temas eliges cubrir. Y las prioridades de un medio están muy influenciadas por sus dependencias o por sus parches económicos. Hay muchas cosas que decir del Banco Santander, de cómo trata a su plantilla, de lo que está haciendo en otros países, de sus negocios… Pero, ¿qué medio va a enfrentarse al Banco Santander, si es uno de los grandes anunciantes? O a El Corte Inglés, por ejemplo. El Corte Inglés es una de las empresas más generosas a la hora de financiar publicidad, y hay muchos medios que gracias a esa publicidad siguen adelante. Pero es lógico que esos medios, o al menos quienes los dirigen, muestren reticencias a la hora de poner la lupa sobre determinadas empresas.

  • P: El Periodismo ha vivido muchas transformaciones, desde la prensa en color hasta las redes sociales. No obstante, los que más vendían antes en papel siguen siendo los primeros en internet. ¿Crees que ha cambiado mucho la estructura de la información con el periodismo digital?

R: Ha cambiado muchísimo, incluso la estructura de los medios. Si vemos los rankings de audiencia por tirada, o por número de visitas, o por visitantes únicos… En el ranking, entre los diez primeros se mantienen algunos que siempre han estado: El País, El Mundo, La Vanguardia… Pero el resto ya no son diarios que tengan soporte en papel, son diarios digitales, y la prensa digital es muy distinta a la prensa en papel: la prensa en papel tiene una portada al día; la prensa digital tiene dos o tres, como mínimo. La prensa en papel perdura en el tiempo; la prensa digital es distinta, apuesta más por él «última hora, acaba de terminar la rueda de prensa», etc. Y eso ha cambiado mucho la estructura de los medios. El panorama ha cambiado muchísimo. Además, ya no hay apenas investigación. Yo creo que muy pocos periodistas en España -y es España, no estamos hablando de un país pequeñito de Centroamérica, sino de una potencia europea- se pueden permitir dedicar varios meses de investigación a un tema. Y eso también es un reflejo de cómo ha derivado y cómo ha cambiado la estructura del periodismo.

  • P: Tú trabajas con muchos medios de comunicación que ya son sostenibles económicamente gracias a la suscripción de los lectores, y que están cada vez menos basados en la publicidad. No obstante, en el reciente Congreso de Periodismo de Migraciones de Mérida se lamentaba Magda Bandera, que es amiga tuya y directora de La Marea, de no tener capacidad económica para enviar a alguien al conflicto del Alto Karabaj en Azerbaiyán. ¿Crees que este modelo de suscripción podrá competir a largo plazo contra los mastodontes?

R: Difícil. De hecho, el tema de la publicidad ha mermado tantísimo… Los medios antes de recibir la publicidad ahora, la tienen que compartir con Facebook, con Twitter y con otras plataformas. Ahora hay mucho menos pastel, y eso está haciendo también que los mastodontes se abran al modelo de suscripción. El País o El Confidencial ya te permite leer un número limitado de artículos, pero después tienes que pagar. No sé si pueden realmente competir. De hecho, creo que medios más pequeños, como La Marea por ejemplo, que viven de sus suscriptores, hacen bien cuando apuestan por mirada larga o por análisis. Mira, no te puedes permitir ir a tal país lejano, pues te puedes permitir hacerle una entrevista a la persona que más pilota del tema, que quizá vive en ese país lejano. Hay otras formas de salvar las distancias, pero la clave está en que estos medios se pueden permitir priorizar otros temas que los grandes. Los grandes lo tienen más difícil por dependencia económica. Ojo, estos medios no son solventes económicamente. Estos medios están sobreviviendo como pueden, pero no son realmente ni económicamente viables todavía. La Marea lo pasa mal y necesita suscriptores, y ojalá de esta entrevista salga algún suscriptor para La Marea. Le está pasando también a El Salto, le pasa también a Contexto… A todos les pasa. Todos necesitan suscriptores y lo están pasando muy mal. Más que ser rentables o solventes, digamos que están sobreviviendo como pueden. O resistiendo.

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